EL ALTO ARAGÓN DESDE LA ALTA SVANETIA

Cuando las montañas no son suficiente refugio

La casa de Rins desde la torre 8 de Chajashi (recreación)


En el Alto Aragón “la casa” daba nombre a los miembros de la familia que albergaba más que el propio apellido familiar. En el entorno hostil y la dura vida de la montaña la casa era la seguridad, el refugio a veces insuficiente.

Torreón de casa Rins
Desde el col de Fadas (1470 m.), el puerto más alto de la Ribagorza, parte una pista que, después de pasar por la casa ya abandonada de Fadas, se interna bajo la Tuca de Urmella hasta alcanzar la casa de Rins. En el dintel de la portada principal, bajo el escudo familiar, una inscripción reza: “D. Antonio Solana la costeó. 1316”. Seguro que siempre fue Antonio el de Rins. Todos sus descendientes durante más de tres siglos consideraron la casa suficientemente protegida, en su atalaya de 1575 m, por su aislamiento de los pueblos próximos y por sus gruesos muros de mampostería.
Pero el siglo XVI resultó especialmente convulso en el Alto Aragón y la casa, cualquier casa, resultó insuficiente.
Durante el reinado de Felipe II, aciago para sus súbditos del reino de Aragón, la Ribagorza (en menor medida Sobrarbe y Jacetania) vivió malos tiempos. El bandolerismo creciente, la insurrección ribagorzana contra el rey y las incursiones de hugonotes franceses crearon un clima de inseguridad que condujo a las casas más pudientes a incorporar elementos defensivos a sus construcciones: aspilleras, matacanes y los llamativos torreones. La mayoría son prismáticos  y solo alguno cilíndrico, como el que la casa de Rins tiene en su ángulo noroeste.
Rematados sus diez metros de altura por un tejadillo cónico de losas y con unos cuatro metros y medio de diámetro, no debió ser más eficaz por su forma curva, pero sí más original y elegante, por lo que no debe ignorarse su papel de reafirmación social de una casa dominante.
No hay muchos torreones como este: casa Mur de Aluján, casa la Abadía y casa Lanao de Arro, casa Ruba de Fanlo. El resto suman un centenar.

Cuatro mil kilómetros hacia el este, sobre el mismo paralelo 42º N. en la Alta Svanetia (región caucásica de Georgia) aún quedan más de doscientas torres defensivas similares.

Torreones de Ushguli
Desde hace poco una mala carretera entra ya a través de la quebrada del río Euguri hasta alcanzar la comunidad de Ushguli: son cuatro localidades (Zhibiani, Chubiani, Murqmeli y Chajashi) al pie de la gran barrera sur del Shkhara (5.193 m.) una de las cumbres más altas del Cáucaso.
Cada clan familiar disponía de un torreón defensivo. Un explorador del siglo XVIII comentó que los habitantes de la zona “se habían dado cuenta de que la libertad del individuo prevalece sobre cualquier otra consideración”. Más tarde, un viajero del siglo XIX escribió que “no habiendo ninguna autoridad local que hiciera cumplir la ley se recurría constantemente a las armas”.
La pequeña localidad de Chajashi, la última del valle a 2200 m. de altura tiene una docena de torres. Se vanagloria de ser el pueblo más alto de Europa… pero está en Asia, mal que les pese a sus habitantes que son cristianos desde el siglo IV.
Construidas en mampostería, todas son cuadrangulares de unos 5 metros de lado, pero muy esbeltas (hasta 25 metros de altura). Sus muros suelen estar en ligero talud y se rematan en lo alto con un piso en voladizo sobre arcos y cubierta a dos aguas de losas.
Valle abajo, Mestia es otro buen conjunto fortificado. En toda la región se conservan unas doscientas torres que datan al menos del siglo XII.
Aparte de los comentarios de los antiguos viajeros, sin duda las razones de ser de estas construcciones son las mismas que en el Alto Aragón Igual que aquí, surgieron cuando las montañas ya no fueron suficiente refugio frente a los salteadores venidos de la llanura, frente al rey de Georgia David IV el Constructor, frente a los musulmanes vecinos.
Los svanos las llaman “murkvan” (atalaya).



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